Falcon Heavy
Etapas del cohete
Propulsores
Primera etapa
Segunda etapa
Lugares de lanzamiento
El Falcon Heavy de SpaceX es, en esencia, la unión de tres primeras etapas del icónico cohete Falcon 9. Cuando sus 27 motores Merlin se encienden al unísono en la plataforma, generan más de 22.000 kilonewtons de empuje, consolidándolo como uno de los lanzadores operativos más potentes del planeta.
Aunque en sus orígenes se concibió con la gran ambición de lanzar misiones tripuladas hacia Marte, la evolución del mercado y del propio diseño de la compañía terminaron reorientando su propósito exclusivamente hacia el transporte de satélites extremadamente pesados y la inyección de sondas hacia el espacio profundo.
El mayor espectáculo visual y tecnológico de este vehículo es, sin duda, su sistema de recuperación. Ver los dos propulsores laterales regresar del espacio y aterrizar de forma casi simultánea en Cabo Cañaveral es un hito de la ingeniería moderna.
Sin embargo, la dura realidad de la mecánica orbital impone sacrificios: en aquellas misiones que exigen llevar cargas al límite de peso o alcanzar órbitas de muy alta energía, SpaceX tiene que renunciar a salvar el bloque central. Para exprimir hasta la última gota de combustible y lograr el objetivo, esta etapa principal se sacrifica y termina cayendo al océano.
Desde su mediático vuelo inaugural en 2018 —aquel en el que lanzó un Tesla Roadster a una órbita elíptica alrededor del Sol—, el vehículo ha dejado atrás el marketing para demostrar un historial impecable.
Hoy en día es el caballo de batalla predilecto para los despliegues más críticos de seguridad nacional de Estados Unidos y resulta una herramienta invaluable para la astronomía moderna, siendo el músculo encargado de impulsar misiones científicas colosales, como la sonda Psyche hacia el cinturón de asteroides o la Europa Clipper rumbo a Júpiter.